Takayama-Tokyo, 20 de octubre de 2013
El día ha amanecido nublado en Takayama y cada vez ha ido a peor. Nos levantamos a las 6 de la mañana para aprovechar el día aquí e ir a Shirakawa, una aldea a 50 minutos de la ciudad patrimonio de la UNESCO, pero la lluvia ha empañado el día.
A las 7 de la mañana salíamos del albergue en dirección a los mercados tradicionales que todas las mañanas instalan en los márgenes del río. En estos mercados las mujeres de los agricultores locales venden las frutas y verduras que cultivan (básicamente enormes manzanas, peras y tomates con muy buena pinta y mejor sabor). Nuestra intención era desayunar por el camino, pero todo estaba cerrado, no sabemos si porque era domingo o porque era demasiado pronto, así que tuvimos que engañar al hambre con los trozos de pera y manzana que las mujeres nos ofrecían en el mercado.
Paseando por el centro de la población encontramos un café abierto donde pudimos tomarnos un café, zumo, bollo y huevo duro por 600 yenes, unos 5 euros. De ahí decidimos pasear por las calles del centro histórico. Pese a la lluvia el paseo fue muy agradable. Todo el área está cuidado con mucho mimo. Los pinos están arreglados, las casas conservan la armonía y uno puede saltar varios siglos atrás por la tranquilidad de sus calles.
El día ha amanecido nublado en Takayama y cada vez ha ido a peor. Nos levantamos a las 6 de la mañana para aprovechar el día aquí e ir a Shirakawa, una aldea a 50 minutos de la ciudad patrimonio de la UNESCO, pero la lluvia ha empañado el día.
A las 7 de la mañana salíamos del albergue en dirección a los mercados tradicionales que todas las mañanas instalan en los márgenes del río. En estos mercados las mujeres de los agricultores locales venden las frutas y verduras que cultivan (básicamente enormes manzanas, peras y tomates con muy buena pinta y mejor sabor). Nuestra intención era desayunar por el camino, pero todo estaba cerrado, no sabemos si porque era domingo o porque era demasiado pronto, así que tuvimos que engañar al hambre con los trozos de pera y manzana que las mujeres nos ofrecían en el mercado.
Paseando por el centro de la población encontramos un café abierto donde pudimos tomarnos un café, zumo, bollo y huevo duro por 600 yenes, unos 5 euros. De ahí decidimos pasear por las calles del centro histórico. Pese a la lluvia el paseo fue muy agradable. Todo el área está cuidado con mucho mimo. Los pinos están arreglados, las casas conservan la armonía y uno puede saltar varios siglos atrás por la tranquilidad de sus calles.

